La batalla de las Navas de Tolosa (1212) cambió el destino de España. La Mancha deja de ser campo de batalla y tanto los Reyes como las Órdenes Militares ponen todo su empeño en llenar de vida los pueblos medio destruidos y casi deshabitados. Se conceden franquicias y privilegios a cuantos quieran venir de otros reinos a poblarlos.
A finales del siglo XIII Sancho IV autoriza al Comendador de Consuegra para que, de las tierras de la Orden, amojone las que le parezca como término de Alcázar. El Gran Comendador de San Juan ya había comenzado antes a reconstruir la aldea de Alcázar. Ahora, con el privilegio de Sancho IV (contenido en el pergamino más antiguo del Archivo Municipal) la hace Villa, le da el escudo y le amojona un gran término municipal. Las tierras que el Gran Comendador dio a la nueva Villa fueron las que limitaban con las Órdenes de Santiago y Calatrava.La repoblación, gestión y defensa es encomendada a la Orden militar de San Juan de Jerusalén, que se había establecido en La Mancha en 1189, formando el Gran Priorato de Castilla y León, con sede en Consuegra, aunque en “Alcázar de Consuegra” se establece un palacio prioral.
En 1241 Alcázar de Consuegra recibe carta de población con 362 vecinos. En 1284 el prior Fernán Pérez manda edificar un torreón como centro de poder del priorato.
Los alcazareños vivieron durante muchos siglos bajo las directrices de la Orden de San Juan, aunque ellos no eran freyres de la Orden. La Orden se fundó en Jerusalén, donde unos comerciantes construyeron el Hospital, dedicado a San Juan Bautista, para atender a los peregrinos que iban a visitar los Santos Lugares. Después, con las cruzadas, decidieron también empuñar las armas para defenderlos y se convirtieron en la Militar Orden de los Caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalén. La expansión del imperio mahometano los expulsó a Chipre, luego a Rodas y de allí los echaron a Malta, desde donde llegan a España. En 1189 la Orden de San Juan se establece en La Mancha, formando el Gran Priorato de Castilla y León.
Al terminar la Reconquista, motivo principal de la presencia de las Órdenes Militares, la dignidad de Gran Prior se convirtió en un título honorífico y lucrativo, por el cual lucharon entre sí los Grandes de España. Las disputas por la posesión hicieron que intervinieran el Papa y el Gran Maestre de Rodas. Carlos I, para terminar con las reivindicaciones de unos y otros, divide el Priorato y da Castilla a Don Diego de Toledo, con sede en Consuegra y León a Don Antonio de Zúñiga, que tenía Alcázar como cabecera.
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